top of page

No.180 LAS PIEDRAS TRUJILLANAS

hace 4 horas
3 min de lectura

"Trujillo, la ciudad que no envejece, porque nace todos los días en el corazón de sus hijos." Mario Briceño Perozo (destacado jurista, docente, político, historiador, poeta y archivero trujillano).

Los que tenemos el gentilicio de trujillanos llevamos en nuestra impronta el peso de una rica historia de la cual nos sentimos —para decirlo en buen trujillano— «fachosos». En este terruño de los Andes venezolanos nos enorgullece nuestro pasado guerrero, nuestras tradiciones, costumbres y leyendas, así como la memoria de nuestro santo José Gregorio Hernández y de nuestro sabio Rafael Rangel. Poseemos una profunda espiritualidad donde la fe se manifiesta en cada poblado a través de imágenes patronales, santuarios y monumentos emblemáticos; no en vano nos llaman con orgullo “Tierra de Santos y Sabios”.

En esta ocasión, exploraremos dos de las muchas leyendas que enriquecen nuestro folclore:


1. La Piedra Mónica

Se cuenta que el 4 de mayo de 1575, día de Santa Mónica, cayó en las inmediaciones de lo que hoy es la Plaza Bolívar de la ciudad de Trujillo un meteorito. A esta mole de piedra la gente la llamó “Piedra Mónica” en honor a la santa cristiana del siglo IV, célebre por ser la madre de San Agustín de Hipona; aunque también ha sido mentada como “Piedra Cósmica” por su origen espacial.

Cincuenta y cinco años después se comenzó a construir muy cerca de allí la actual Catedral de Nuestra Señora de la Paz. Estos trabajos duraron unas tres décadas y, posteriormente, entre 1886 y 1893, se edificó sobre la emblemática Piedra Mónica la obra más importante del arquitecto italiano Lucas Montani: la torre o campanario.


En la época colonial existía la llamada “protección sagrada” o “derecho de asilo eclesiástico”. Amparado por el derecho canónico y el derecho penal indiano, se consideraba que el espacio sagrado estaba bajo la custodia directa de la Iglesia y de Dios, por lo que la autoridad civil no podía violarlo sin cometer un ultraje religioso. Era un privilegio mediante el cual iglesias y conventos funcionaban como recintos inviolables donde los perseguidos por la justicia podían refugiarse.

La leyenda cuenta que aquellos acusados que lograban llegar y tocar la Piedra Mónica adquirían de inmediato el derecho de ser escuchados o quedaban bajo salvaguarda temporal. Así, aquel recinto con la roca en sus bases se convirtió en refugio de perseguidos políticos, fundiendo tradición oral, justicia comunitaria y arraigo religioso en la identidad de la “Ciudad Portátil”.


2. La Piedra del Preso

El pueblo de Carache, fundado en 1561, vio nacer en 1845 —bajo la presidencia de Carlos Soublette— el llamado “Primer trazado histórico” de 37 kilómetros para comunicar la localidad con la región. Posteriormente, entre 1911 y 1926, durante el mandato del General Juan Vicente Gómez, se construyó una vía moderna de 27 kilómetros al mando del Coronel Salomón Yéspica. Como mano de obra se empleó a un grupo de presos comunes y políticos condenados a largos años de prisión, quienes abrían paso a pico y pala a través de la montaña.


Estando los trabajos cerca de Mitón, se toparon con el río Carache y el Coronel Yéspica decidió levantar un puente, el cual fue inaugurado el 19 de diciembre de 1918. Sobre este episodio, el Diario de los Andes (El preso más famoso de Carache, por Alfredo Matheus, 15 de mayo de 2022) relata una historia memorable de la cual resumo lo siguiente:


Una mañana, al percatarse de que una enorme piedra en el cerro amenazaba con destruir el puente y arruinar sus aspiraciones de ascenso, el Coronel Yéspica reunió a los reos y prometió la libertad inmediata a quien se atreviera a amarrarla.


Un hombre corpulento de casi dos metros aceptó el reto.

Tras escalar 25 metros de empinado cerro y asegurar la roca con una guaya de acero y un muro de contención, el preso desconfió de la palabra del militar. En lugar de bajar por su recompensa, se internó en la profundidad de la montaña.


Jamás se supo de su suerte; solo quedó la tremenda guaratara amarrada como testigo silente de lo que es capaz el ser humano en la búsqueda de su ansiada libertad.


Así, entre meteoritos que sostienen campanarios e historias de hombres que desafiaron cumbres y cadenas por un destello de libertad, Trujillo sigue demostrando que su geografía no es solo piedra y paisaje, sino el latido vivo de un pueblo que esculpe su propia leyenda en el tiempo.

Puerto Ordaz, 17 de octubre de 2026


MILTON R. ABREU A.

Coronel Ejército Siglo XX

 
 
 

Comentarios


bottom of page