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No. 165 ¿EL DISCURSO DE CARIACO Vs. LA IA?

A quienes sumamos algunos años más de vida, nos ha tocado presenciar una era única de innovación exponencial. Entre tantos avances tecnológicos que han revolucionado el mundo, hemos sido testigos desde la llegada del internet y la telefonía móvil, pasando por hitos médicos como la tomografía y la resonancia magnética, hasta la actual revolución de la inteligencia artificial y la computación cuántica. Hemos visto, en fin, cómo la tecnología y la ciencia transforman nuestra cotidianidad a un ritmo sin precedentes.

 

Hoy en día, la Inteligencia Artificial (IA) se define formalmente como una rama de la informática que desarrolla sistemas capaces de realizar tareas que requieren inteligencia humana, tales como aprender de los datos, razonar, comprender el lenguaje, reconocer imágenes y tomar decisiones.

 

A raíz de esto, constantemente me preguntan: “¿Utilizas la Inteligencia Artificial en tus escritos?”. Mi respuesta es paradójica: sí la utilizo, pero estrictamente como un asistente o punto de partida. Jamás doy por sentado lo que me ofrece; prefiero contrastar cada dato con investigaciones en diferentes medios. Y es que, cada vez que interactúo con la IA, me resulta inevitable recordar el famoso y jocoso «Discurso de Cariaco» del año 1947.

 

Mi escepticismo se basa en que esta herramienta, aunque sumamente útil, carece de comprensión, conciencia y brújula moral. A menudo inventa datos, fechas o hechos falsos, presentándolos con una seguridad tan pasmosa que parecen verídicos. Por tal motivo, mantengo un filtro crítico y dejo a la IA el rol de asistente técnico, nunca el de árbitro final de la verdad. Una lección de prudencia que, curiosamente, ya nos había enseñado la historia venezolana de mediados del siglo pasado.

 

El “Discurso de Cariaco” fue un hecho real, anecdótico y profundamente divertido ocurrido en Cariaco, una bella población del estado Sucre. Fundada originalmente en 1604 como San Felipe de Austria y refundada en 1630 debido a la resistencia indígena, es una de las localidades más antiguas de Venezuela y del continente. Su peso en nuestra historia patria es enorme: en sus tierras se celebró el “Congreso de Cariaco” en mayo de 1817, un intento político fundamental por estructurar la república durante la gesta independentista.

 

Para finales de 1947, el pueblo venezolano se preparaba con gran expectativa. El 14 de diciembre se celebrarían las elecciones presidenciales, consideradas el primer proceso comicial libre, universal, directo y secreto en la historia del país. Por primera vez se permitía el voto de las mujeres, de los jóvenes mayores de 18 años y de los ciudadanos analfabetas. Los candidatos eran Rómulo Gallegos (Acción Democrática), Rafael Caldera (COPEI) y Gustavo Machado (PCV).

 

A principios de diciembre de ese año, el estado Sucre desbordaba entusiasmo organizando los actos por los trescientos años de la fundación de Carúpano, ciudad vecina a Cariaco. Naturalmente, los candidatos presidenciales aprovecharían la vitrina de estas festividades para desplegar su campaña electoral.

 

En ese contexto, el Jefe Civil de la Prefectura de Cariaco era Asunción Guzmán, un hombre sencillo, trabajador, ingenuo y sin malicia, que simpatizaba políticamente con el partido de gobierno, Acción Democrática. Cuando se anunció que el candidato y célebre novelista Rómulo Gallegos visitaría el pueblo, se designó a Guzmán, en su condición de primera autoridad, para pronunciar las palabras de bienvenida en la concentración pública de la Plaza Bolívar.

 

Abrumado por semejante responsabilidad, a Guzmán se le ocurrió lo que creyó una brillante idea: la víspera del evento, le pidió a su amigo, el “sanantoñero” Andrés Barrios —quien tenía fama de ser de “buena pluma”—, que le redactara el discurso. Lo que Asunción pasó por alto fue un pequeño detalle: su amigo era un ferviente opositor político, militante de la Unión Republicana Democrática (URD).

 

Andrés aceptó la tarea. Esa misma tarde se fue a un botiquín en Carúpano y se reunió con varios amigos contrarios al partido de Asunción. Entre trago y trago de bebidas espirituosas, risas y una buena dosis de “mamadera de gallo”, redactaron el texto, concluyéndolo a altas horas de la noche. A la mañana siguiente, se lo entregaron al confiado Jefe Civil.

 

Absorto en los preparativos de la visita, Asunción no leyó el escrito antes del acto. Cuentan que, frente a la multitud y de espaldas a un descomunal árbol de jabillo, el emocionado orador se plantó frente al micrófono y, con voz firme, leyó textualmente lo siguiente:

 

“Compañeros deportivos: hétenos aquí solemnemente instalados, serena la mirada, seguro el porvenir; aquí en Cariaco, con sus ríos caudalosos, sinuosos, brumosos y hermosos; aquí en Cariaco, con sus techos rojos, su blanca torre, sus azules lomas y sus bandas de tímidas palomas que hacen nublar de lágrimas mis ojos: porque Cariaco no es Casanay, ni Casanay es El Pilar, ni El Pilar es Tunapuy, ni Tunapuy es Pantoño, ni Pantoño es Cariaco, y yo estoy hablando precisamente en Cariaco» (Grandes ovaciones).

“Por aquí pasó un tal Jóvito Villalba (Silbidos y rechiflas) y se fue, pero no importa, porque como dijo nuestra querida compañera Juana de Arco, en un mitin de Acción Democrática en Tucupita: "un amor se va, ¡cuántos se han ido!, otro amor volverá más duradero y menos doloroso que el ya ido".

“Aquí está con nosotros el compañero Severo Cortés, que no es severo ni cortés, pero es valiente. El compañero Severo, antes de la revolución de octubre, no sabía leer ni escribir y hoy pesan sobre sus espaldas cartapacios de libros y plumarios, y es de Correspondencias, Actas y Secretario, 192 de la Independencia y 85 de la Federación del año que sigue y cursa” (Prolongados aplausos).

 “Estamos satisfechos, compañeros, por la obra creada desde el poder. En los años que tiene el compañero Betancourt al frente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, hemos construido nada menos que la Cordillera de los Andes, la Cordillera de la Costa, el Cabo de Tres Puntas, San Francisco, Malapascua, Punta Cardón, Punta Arena y la Península de Araya. Y si no hemos hecho el acueducto de Margarita, a los adecos nos cabe la honra de haber hecho la isla, que no es lo mismo»”.

“Acuérdense, compañeros, del compañero José Francisco Bermúdez, que montado en lo alto de este jabillo y mirando hacia el poniente dijo: "cariaqueños, de lo alto de este jabillo, cien siglos os contemplan"; acuérdense del compañero Simón Bolívar, cuando paseaba en las góndolas llenas de belleza, allá en Venecia, con su prima Fanny; y acuérdense también del compañero Jesucristo, cuando con cinco panes y de cinco sardinas le dio de comer a cinco mil personas... ¡y eso que no había Junta Reguladora de Abastecimiento!".

“Compañeros, fíjense hasta dónde llega el sectarismo de los urredistas, el sectarismo marrón, que una obra como Romeo y Julieta, los urredistas dicen que la escribió un tal "Cheskespiare"... ¡Claro, porque el "Cheskespiare" es urredista!, pero todos sabemos en el partido que esa obra salió de la pluma vigorosa del compañero Domingo Alberto Rangel”.

“Compañeros… yo lo único que les pido es que voten por Rómulo Gallegos para la presidencia de la república. Gallegos es grande en el pensamiento y en la acción; Gallegos es tan grande, compañeros, que es capaz de echarse encima, él solo, la América del Norte, la del Centro, la del Sur, Monagas, Anzoátegui, Nueva Esparta y Trinidad. ¡Y abajo la banca, la industria y el comercio!".

 

Estruendosos fueron los aplausos, los gritos, los silbidos y las rechiflas. Entre el alboroto, las últimas palabras apenas lograron entenderse.

 

Pasado el tiempo, Asunción se mudó a Cumaná, donde terminó sus días viviendo siempre orgulloso de su intervención. Se dice que allá en “la Primogénita del Continente”, un periodista le consultó sobre aquel célebre episodio, a lo que Asunción respondió, ufano y satisfecho: “Ese discurso le dio la vuelta al mundo... y a Colombia también”.

 

Al igual que el bueno de Asunción Guzmán, hoy en día muchos corren el riesgo de subirse a la tarima de la opinión pública a leer, sin parpadear, los discursos que les redacta su propio "Andrés Barrios digital". La Inteligencia Artificial, con su prosa impecable y su tono docto, es capaz de mezclar a Juana de Arco con campañas políticas, adjudicarle la autoría de Romeo y Julieta a un pensador contemporáneo o asegurar con total desparpajo que inventó la Cordillera de los Andes.

 

La IA, al final del día, opera como aquellos amigos bromistas en el botiquín de Carúpano: junta datos inconexos entre "trago y trago" de algoritmos, carece de filtros éticos y no le importa "mamarle el gallo" al usuario desprevenido.

 

Por eso, mientras avanzamos en esta era tecnológica sin precedentes, prefiero mantener los ojos abiertos. Uso la tecnología, la disfruto y la aprovecho, pero jamás olvido la lección de Cariaco. Porque en este mundo moderno, si nos descuidamos y firmamos a ciegas lo que la máquina nos entrega, terminaremos como Asunción: convencidos de haber pronunciado una pieza magistral que le dará la vuelta al mundo... y a Colombia también.

 

Puerto Ordaz, 31 de mayo de 2026

 

MILTON R. ABREU A.   

Coronel Ejército Siglo XX



 
 
 

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