No. 171 LAS MARAVILLOSAS REDES SOCIALES
- milbreuster
- 4 jul
- 3 min de lectura
Existen diversas formas de definir las redes sociales, pero una de las más precisas las describe como “plataformas y aplicaciones digitales que conectan a personas, grupos y organizaciones para interactuar, comunicarse y compartir información en línea”. Estas herramientas permiten mantener el contacto con amigos y familiares, además de estrechar vínculos con personas que comparten intereses afines en cualquier rincón del mundo. A través de ellas, compartimos fotografías, vídeos y opiniones; transmitimos noticias, divulgamos ideas e incluso realizamos transmisiones en vivo.
Recientemente, llegó a mi conocimiento un vídeo en la plataforma TikTok, protagonizado por un ciudadano de origen mexicano llamado Ramón Vega. En él, recita un escrito sobre “la generación que nos tocó vivir”, con el cual me sentí plenamente identificado. Por esta razón, lo he transcrito para compartirlo con mis coetáneos lectores:
«Nací en 1954, y digo nací como quien dice: fui lanzado al mundo sin manual de instrucciones. He vivido en ocho décadas distintas, en dos siglos, en dos milenios, y eso, amigo, no lo puede decir cualquiera sin que le tiemble un poco la voz. Crecí cuando la vida iba despacio.
Cuando las cosas se arreglaban con alambre, paciencia y una conversación; cuando los veranos olían a pantalón corto, rodillas peladas y libertad sin horario. Bueno, algo de horario sí. Estudié cuando estudiar era memorizar, repetir y respetar. Novié cuando se noviaba de verdad, mirándose a los ojos, escribiendo cartas, esperando. Me casé cuando el mundo todavía parecía eterno, y descubrí que no lo era.
He visto funcionar el teléfono con operadora, con ruedecilla y con teclas, y ahora hago videollamadas desde cualquier rincón del planeta. Pasé del vinilo al cassette, del cassette al CD, del CD a no trocar nada. De ir al videoclub a elegir una película, a pasar media hora decidiendo qué ver en Netflix y quedarme dormido. Escuché el fútbol por la radio, lo vi en blanco y negro, y ahora lo veo en alta definición, aunque sigue sin gustarme.
Conocí las primeras computadoras: enormes, lentas, incomprensibles, con tarjetas perforadas, disquetes que se rompían si los mirabas mal, y hoy llevo en el bolsillo más memoria que la NASA cuando llegó a la Luna. Esquivamos la polio, la meningitis, la gripe aviar, y cuando pensábamos que ya lo habíamos visto todo, llegó el COVID para recordarnos que seguimos siendo frágiles.
Me deslicé entre ángulos de esos hechos con palos de escoba y rodamientos de bolas, conduje coches que olían a gasolina y libertad, y ahora el mundo va en silencio, eléctrico, pero no necesariamente más humano. Dicen que somos "excenials", yo digo que somos supervivientes del cambio, ni analógicos del todo, ni digitales del todo; una especie rara, los que tuvimos infancias sin pantallas y madurez con ellas.
Somos la generación que tuvo que aprender a adaptarse, sin que nadie nos preguntara si queríamos. Y ahora, cuando miro, ya es por la tarde; cuando miro, ya es viernes; cuando miro, el año se ha ido; cuando miro, muchos ya no están: amigos perdidos en caminos que no sé dónde desembocan, amores que se fueron y dejaron silencio, personas que daría cualquier cosa por abrazar una vez más. Entonces lo entiendo todo: la vida no era un ensayo, era la función principal. Por eso ya no pospongo, por eso no dejo para luego lo que puedo hacer ahora mismo, por eso cuido a los amigos que quedan, por eso digo lo que siento, por eso disfruto el tiempo, porque el tiempo no se devuelve, no se negocia y no espera. El día es hoy, no mañana; hoy. Y si este mensaje no se comparte, no pasa nada; lo importante es vivirlo, porque nosotros, los que nacimos cuando el mundo aún aprendía a correr, somos una generación única; no porque seamos mejores, sino porque lo vimos todo y seguimos en pie”.
A este relato, y como venezolano, le añado la transcripción de otro texto que recibí por WhatsApp, que nos interpela directamente:
“Somos la generación que nos tocó vivir:
— Dictadura
— Escasez de alimentos
— Migración
— Apagón nacional
— Marchas y muertos
— Coronavirus
— Bombardeos
— Terremotos”
En definitiva, pertenecer a esta generación significa haber sido testigos de la transición más vertiginosa de la historia contemporánea. Somos el puente entre un pasado de certezas analógicas y un presente digital de incertidumbres constantes. Para el venezolano, esta realidad se suma a la crudeza de una lucha política y social sin tregua, forjándonos un carácter que no solo sobrevive, sino que observa, analiza y preserva la memoria. Nuestra mayor victoria no es la tecnología que nos rodea, sino la capacidad de mantenernos en pie, con la dignidad intacta, tras haber atravesado las tormentas más severas de nuestro tiempo.

Puerto Ordaz, 4 de julio de 2026
MILTON R. ABREU A.
Coronel Ejército Siglo XX
